Enrique Francisco Alejandro Barón de Eggers

Enrique Francisco Alejando Barón de EggersEnrique Francisco Alejandro Barón de Eggers nació el 12 de diciembre de 1844. Era hijo de Federico, Barón de Eggers, Director de la Policía de Schleswig, provincia que pertenecía entonces a Dinamarca. Asistió durante los años 1858-1862 al Gimnasium, en Odense.

Se alistó en el ejército danés en 1864 con motivo de la guerra con Prusia, la cual determinó la cesión de las provincias de Schleswig-Holstein a esta última potencia. Ese mismo año se marchó a Laibach alistándose en la legión austro-belga que partía hacia México a defender la causa desgraciada del Emperador Maximiliano.

Llegó a Veracruz en abril de 1865 y participó en varias acciones de guerra, pero al año siguiente fue hecho prisionero en el sitio de Oaxaca. Eggers se encontraba probablemente en la columna mixta que iba en auxilio de la plaza y que fue derrotada en la acción de La Carbonera el 18 de octubre por el general Porfirio Díaz, en la cual hicieron los mejicanos trescientos noventa y seis prisioneros austríacos, polacos y húngaros. En 1867 fue puesto en libertad e hizo varias incursiones por el sur de Méjico, las cuales describió en el Erin-Ninger fra Mexico (Copenhague, 1869) y en la colección Fra alle Lande (1867). A fines del mismo año, 1867, regresó a Dinamarca.

En 1868, Eggers ingresó nuevamente en el ejército danés con el grado de teniente y al año siguiente fue asignado a las tropas de guarnición de las Antillas Danesas. Fue en este período cuando comenzó su fructífera labor botánica. Estuvo en Santa Cruz y en Santo Tomás desde 1869 hasta 1885, herborizando extensamente en estas islas y haciendo viajes a algunas Antillas vecinas. En 1879 publicó su trabajo sobre la flora de las Islas Vírgenes. Al año siguiente comenzó a distribuir herbarios de las Antillas, Florae Indiae Occidentalis exciccata, que comprendían plantas de las Islas Vírgenes, Dominica, San Kitts, Puerto Rico y Trinidad.

En 1887, durante los meses de abril y julio, Eggers fue enviado a Santo Domingo por la Academia de Ciencias de Berlín. Este fue tal vez su viaje más importante por haber sido el primer botánico que visitara el valle de Constanza y escalara las altas cimas de la Cordillera Central dominicana.

Desembarcó Eggers en Puerto Plata y, después de atravesar la Cordillera Septentrional y el Valle del Cibao, fue a La Vega, Jarabacoa y Constanza, llegando hasta Valle Nuevo.

La relación del viaje a Santo Domingo fue escrita por Eggers y publicada en una revista europea (Eggers, H., Reise in das innere von Santo Domingo. Petermann’s Georg Mitthell, Gotha, Vol. 34, pp. 35-41. 1880). [Ver De Puerto Plata al Pico del Valle Nuevo]

Durante los años sucesivos se dedicó Eggers a exploraciones botánicas en las Bahamas, Jamaica, Cuba, Tobago, San Vicente, Trinidad y Barbados. Muchos de estos viajes se debieron a la liberalidad de Leopoldo Krug, Cónsul alemán en Mayagüez, Puerto Rico.

En enero de 1888 regresó Eggers de Europa, y volvió a Haití, desde San Thomas, colectando plantas en Jacmel, Puerto Príncipe y Jeremie, de donde pasó a la isla de Jamaica. Visitó también a Caracas y Puerto Cabello, en Venezuela. Durante los años 1893 y 1897 vivió en el Ecuador en una finca de la provincia Manabí, cerca de Bahia de Caráquez, dedicado a la agricultura.

Fue el Barón de Eggers el primer explorador botánico que escaló hasta esa fecha, la región montañosa de la Hispaniola, y dio a conocer, también por la primera vez, la rica flora alpina de la isla, tan interesante desde el punto de vista de la Geografía botánica.

La primera exploración de Eggers en Santo Domingo dio un número de ejemplares igual a 1,345, repartidos así: República Dominicana, 1,322 (Nos. 1500-2821); Haití 25 (Nos. 2821b-2845b). En la segunda excursión los especimenes colectados alcanzaron a 115 (Nos. 3300-3415a).

Los ejemplares de la flora antillana recolectados por Eggers, que suman muchos miles, fueron distribuidos profusamente en series a los principales museos y herbarios del mundo y la serie más completa se encontraba en el herbario Krug et Urban, en Berlín.

Falleció en 1903.

Apuntes del viaje de Enrique Francisco a la Isla de Santo Domingo

Por el Barón de Eggers

En Puerto Plata estuve desde el 15 de Abril hasta el 2 de Mayo. Excursiones a los alrededores, al río Bajabonico, excursión a la loma Isabel de Torres (770 m.). En esta loma obtuve varias plantas muy interesantes.

De Puerto Plata fui a Santiago los días 2 y 3 de Mayo por Altamira. En este lugar se halla una especie de Vainilla silvestre, que produce una vaina de buena calidad.

En Santiago hasta el día 20 de Mayo. Excursiones al Palo Quemado (810 m.), Moca, la Angostura y varios otros puntos de la Vega Real.

A Jarabacoa el día 21 de Mayo. Al Pino se ve primero al otro lado del río Camú en 190 m. de altura. Este palo sube hasta 2630 m. altura. De Jarabacoa hice excursiones al Monte Barrero (1220 m.) como a los alrededores del pueblo.

Al valle de Constanza el día 27 de Mayo. Excursiones en este valle (1170 m.). Temperatura aquí 13° centígrados por la mañana.

Al Valle Nuevo el día 29 de Mayo (2270 m.). Los Pinales bastante claros, el terreno entre los palos cubierto de helechos y otras matas de 2-3 pies de altura. El terreno en los pinales es arenoso, seco y estéril. En los lugares más húmedos y con suelo más fértil se encuentran montes de varias clases de palos y matas muy distintas de las de los pinales.

Pasé la noche en el Valle Nuevo. La temperatura por la mañana 11° centígrados. Sabanas bastante grandes en este Valle.

Ascensión al Pico del Valle el día 30 de Mayo (2630 m.). Vista a la loma Tina y la costa de Azua, San Juan de la Maguana, las lomas Rusilla y otros. El Pico del Valle queda al S. E. del Valle de Constanza cerca del monte Banilejo y forman la punta más elevada de las lomas que encierran el Valle Nuevo. Los Pinos suben hasta la cumbre de los cerros. La cumbre está cubiert de peñones inmensos, formados de brescia, formada de pedazos de diferentes clases de piedra, como cuarzo, granito y otros. Aquí se hallaron muchas matas de los terrenos templados y fríos, pertenecientes a las familias de las Ericaceas, Ranumelas y otras.

Regresé de allí a Constanza, y de aquí a Jarabacoa y Santiago. Volvía Puerto Plata el día 12 de Junio. Excursiones a Cabarete, Jamao, Cupey y otros puntos, así como otra vez a la loma Isabel de Torres.

Puerto Plata, 8 de julio de 1887.

Exploraciones de Enrique Francisco de Puerto Plata al Pico del Valle Nuevo

Viaje del Barón H. Eggers, por el Interior de Santo Domingo en el Año 1887

En otra ocasión haré un trabajo más largo sobre mi viaje por Santo Domingo, para tratar especialmente de sus condiciones sociales y de su agricultura. Hoy daré un mero apunte acerca de mis investigaciones en la parte del interior, que hasta ahora estaba casi desconocida. Al cabo de una permanencia de tres semanas en Puerto Plata, costa del norte, durante la cual hice la ascensión de la loma Isabel de Torres (770 M.), [1] y estudié la flora de los alrededores, el 2 de mayo del 1887 salí hacia Santiago, atravesando la serranía de Monte Cristi. Aunque es camino de mucho tráfico entre el rico interior y el puerto principal de la República, por el cual pasa casi la mitad de las importaciones y exportaciones del país, sus condiciones son tales, que solamente lo pueden andar animales de carga, y eso a condición de que no llueva demasiado. Durante la estación de las lluvias, en el invierno, las comunicaciones entre el interior y la costa, permanecen a veces interrumpidas por varias semanas, aunque la distancia sólo sea como de 50 kilómetros, la que estando secos los caminos, se puede recorrer en un día.

Después de haber pasado el pequeño arroyo de San Marcos, se sube la cuesta del mismo hasta una elevación de 360 metros. Luego se baja, y se pasa por unos llanos pantanosos, al través de bosques, en medio de los cuales se ven algunos ranchos, hasta que se llega al río Bajabonico (100 metros). Este tiene un cauce muy ancho, y sus crecientes son a veces considerables en tiempo de lluvias. Cuando lo crucé, sólo tenía medio metro de agua. De aquí sube el camino poco a poco. Dejados los Llanos de Pérez, y casi siempre al través del bosque, se llega, recorridos 325 metros, al lugar de Altamira. Allí pernocté. En el monte, cerca de Altamira, crece entre otras plantas una vainilla de vaina corta. La fruta, aunque muy aromática, no es objeto de cosecha para los habitantes. De ese pueblecito sube el camino hasta el alto de La Cumbre (670 metros); y baja después, pasando por el Aguacate y el Limón (440 metros), lugar que tiene algunas casas muy decentes. Saliendo de allí se atraviesa el valle estrecho del arroyo Las Lavas, que se vadea varias veces; y se llega, con una altitud de 200 metros, al llano de la extensa Vega Real.

La sierra de Monte Cristi pertenece al terreno calcáreo terciario. Su altura varía de 650 a 700 M.; y el punto culminante, Diego de Ocampo, tiene 1220 M. Mientras que el clima del lado norte es bastante húmedo, las aguas del lado sur son mucho menos abundantes: esto se reconoce principalmente por la presencia de varios cactus, como la opuncia, alta como un árbol, los cirrios, &&

La Vega Real es un valle muy conocido, situado entre la sierra de Monte Cristi al norte, y la parte central de la sierra del Cibao por el sur, y se extiende con una altura media de 150 metros, desde la bahía de Samaná al este, hasta la bahía de Monte Cristi al oeste. La línea divisoria de las aguas, de una elevación de 220 metros, se encuentra casi en su mitad, cerca de Santiago. El terreno allí es también calcáreo terciario. Al este, donde el clima es mucho más húmedo, el suelo tiene una capa profunda de humus; en el oeste es mas seco el terreno.

Después de una marcha a caballo de algunas horas por un terreno perfectamente llano, llegué a la capital del Cibao, Santiago, por la tarde, bajo un aguacero tremendo. Santiago es un pueblo bonito y muy comercial, con poco más o menos 8000 habitantes; las calles derechas, pero descuidadas, casas de un piso, y sin nada notable que admirar. La ciudad está situada cerca del río Yaque, en un punto en que éste desvía su curso del norte al oeste, a 30 metros de elevación sobre el nivel del río, en una meseta de cal y esquistos, cuyas barrancas al suroeste son muy pendientes. La población comprende una gran parte de blancos, o mestizos muy claros. En el interior se encuentra menor proporción de morenos o gente de color. Y sea dicho en honor de la población de Santo Domingo: la cuestión de raza no existe en este país.

Estuve algún tiempo en Santiago, para visitar las lomas, tanto al sur como al norte; y también observé con atención la vegetación del llano. El 21 de mayo, continué mi ruta para la sierra del Cibao.

Enrique Francisco Alejando Barón de Eggers